{"id":528,"date":"2024-10-15T14:57:05","date_gmt":"2024-10-15T14:57:05","guid":{"rendered":"http:\/\/literariacentro.org\/revista-3\/?p=528"},"modified":"2024-11-10T16:21:51","modified_gmt":"2024-11-10T16:21:51","slug":"maria-negra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/literariacentro.org\/revista-3\/textos\/maria-negra\/","title":{"rendered":"Mar\u00eda negra"},"content":{"rendered":"<p class=\"Body\" style=\"text-align: right;\"><span lang=\"EN-US\" style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Por Camilo Villegas Restrepo*<\/span><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">A caminar solo y en la oscuridad se acostumbr\u00f3 don Jos\u00e9 Mar\u00eda. Su ritmo, andar de pisadas cojas, delata el dolor de huesos en un hombre ya fatigado por el viaje de la vida. Sin embargo, don Jos\u00e9 Mar\u00eda no teme tropezarse al paso, ni le perturba aquello que no puede ver y habita lo oscuro de su casa, que por vac\u00eda, hoy se siente m\u00e1s grande de lo que es. A\u00fan aferrado al yugo de una vida madrugando, don Jos\u00e9 Mar\u00eda despierta temprano, abre los ojos rugosos y ve el mundo en tinieblas como si a\u00fan los tuviera cerrados, pero la intuici\u00f3n le grita al oido con un eco fantasmal desde su ni\u00f1ez, que es tiempo de dejar la cama. \u00bfA qu\u00e9 horas? No se sabe, temprano, oscuro, callado.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">En casas de campo, esos aparatos para agotar el tiempo escasean, aqu\u00ed la hora se dice por la ma\u00f1ana, por la tarde y por la noche, y ya, dice don Jos\u00e9. De un jal\u00f3n, se arranca las cobijas que lo cubren del frio azotante en la monta\u00f1a, antes de que las gallinas abran sus ojos azules y comiencen a caminar como se\u00f1oras nerviosas de un lado a otro, hasta quedar cubierto de rila el suelo del corral. \u00bfQui\u00e9n sino \u00e9l es encargado de limpiar? \u00bfQui\u00e9n sino \u00e9l se ocupa de fog\u00f3n y le\u00f1a? Tareas que se repart\u00edan cuando su mujer estaba viva.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Despierta tan temprano, pero tan temprano, que desde su rancho ve al sol asomar en lo oscuro cuando a\u00fan es t\u00edmido y ni\u00f1ito. En una disonancia de crujir de huesos, combatido por el tiempo y la ausencia, don Jos\u00e9 Mar\u00eda lento, se incorpora sentado al borde de la cama y se persigna al tocar sus pies el suelo. Hay d\u00edas, su dolor de piernas es tan violento, tan violento, como desata dios su ira en la naturaleza. Como agujas capoteras atravesando sus desgastadas coyunturas o un serrucho mutilando sin fin, alg\u00fan mu\u00f1eco vud\u00fa que habr\u00e1 hecho una bruja a su nombre. Soporta como la melancol\u00eda. Entonces, don Jos\u00e9 Mar\u00eda se habla a s\u00ed mismo cabizbajo y en susurro, hoy no podr\u00e9, y exhala todo su aire por la boca. Se soba las piernitas flacas y recorridas, mientras intenta tomar impulso para accionar. Estira el brazo que antes fue fuerte y hoy levanta con flacidez para agarrar el frasco con liquido negro que est\u00e1 sobre el nochero, junto al San Gregorio. Esboza cierta sonrisa de esperanza en su rostro colgado y a palmaditas suaves, va aplicando en sus rodillas una loci\u00f3n de flor de c\u00e1\u00f1amo con alcanfor que \u00e9l mismo prepara, receta de Lleritas, culebrero del pueblo, bendita para entumir por ratos dolores de reumatismo o artritis, dice. Cuando el gallo canta, don Jos\u00e9 Mar\u00eda est\u00e1 de pie hace rato, prende una vela que le alumbre el paso, con cuidado va a la cocina, prepara su cafecito, sale de taza en mano a respirar el aire del sembrao y sin prisa, recoge los frutos mientras va aclarando el cielo. Un hacer matutino de los tiempos cuando su mujer estaba viva. Don Jos\u00e9 Mar\u00eda, despierta temprano, muy temprano, en verdad,\u00a0 poco duerme.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Insomnio de especie rara, dice don Jos\u00e9, dormir es lo que me desvela porque cuando se duerme se sue\u00f1a y ese es el problema. Qu\u00e9 contrariedad, \u00bfno? \u00a1Culpa de la maldita huesuda que no deja descansar! Hace noches, don Jos\u00e9 Mar\u00eda empez\u00f3 a tener una serie de sue\u00f1os que viraron en pesadillas. So\u00f1\u00e9 otra vez con la muerte, se dec\u00eda ya despierto. Sabe que cualquiera sue\u00f1a im\u00e1genes extra\u00f1as y \u00e9l, no siendo experto en interpretar sue\u00f1os, como su mujer cuando estaba viva, a\u00fan sab\u00eda que so\u00f1ar con la muerte no significa morir, o eso pensaba. Una larga noche, otra y otra, se fueron acumulando, hasta que ese arquetipo huesudo que sin carne encarna el fin para los vivos, invadi\u00f3 sus sue\u00f1os, hasta poseer cada intento de dormir y del acoso on\u00edrico, pasar a asaltar su cabeza en una persecuci\u00f3n diurna y cansada. Tan pronto don Jos\u00e9 Mar\u00eda cierra los ojos y empieza a conciliar el sue\u00f1o, el espanto se lo impide porque lo ve de nuevo. Siempre la misma escena contra el cielo soleado de medio d\u00eda: atisba a la muerte sentada en carrizo sobre la rama de un \u00e1rbol. Al esqueleto de la guada\u00f1a, a la gran miseria humana de pelo largo negro y tacones rojos que fuma y entre risas, con voz de tumba que retumba, dice: <em>\u00a1<\/em><em>Se te est\u00e1 llegando la hora, Jos\u00e9 Mar\u00eda, se te est\u00e1 llegando la hora!<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">De ese primer desencuentro, el viejo despert\u00f3 de un brinco y sudando,\u00a0 incapaz de volver a la cama, se dedic\u00f3 a vagar en el silencio de su noche larga. Pens\u00f3 apresurado que morir\u00eda, no en ese momento, pero el avistamiento de algo tan perturbador como esos restos humanos parlantes que se burlaban de \u00e9l, abri\u00f3 un camino en la sombra hacia el hecho de tener fin, como cualquier mortal de la caravana, para m\u00ed, m\u00e1s temprano que tarde, pens\u00f3, ya casi cumplo cien. Un suplicio de insomnio despu\u00e9s, hecho un alfe\u00f1ique y de tanto ver a la hija de las mil perras, noche tras noche, m\u00e1s que temer al fin de sus d\u00edas, aquel esqueleto fumando se convirti\u00f3 en una tortura diaria que har\u00eda a cualquier vivo querer morir. No dice otra cosa, que se me est\u00e1 llegando la hora \u00bfcree que no s\u00e9?, reniega don Jos\u00e9 Mar\u00eda recostado en las almohadas. Lo peor es eso, que despu\u00e9s del sue\u00f1o queda rodando de un lado a otro de la cama, con el pensamiento cautivo en c\u00f3mo ir\u00e1 ser su hora cuando un d\u00eda, para su mal, venga a buscarlo la parca.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Desde que llega el medio d\u00eda, don Jos\u00e9 Mar\u00eda se cabecea donde est\u00e9 sentado, ya no puede ni leer porque los ojos se le cierran mientras intenta seguir las letras y el sentido al tanto. \u00bfUna siesta? Imposible. Cierra los ojos, ve la muerte plantada en la misma rama de aquel \u00e1rbol y los p\u00e1rpados de don Jos\u00e9, invadidos de ojeras negras y bolsas de arrugas que cuelgan, se abren como dos heridas frescas sangrantes en l\u00e1grimas. No parecen los ac\u00e1is de un viejo de casi cien, sino los de uno doscientos, se dice al verse en un retazo de espejo. Dej\u00f3 de contar los pocillos de caf\u00e9 con los que trastorna al d\u00eda y no prepara m\u00e1s taza por taza, como lo hac\u00eda antes. En cambio, dispone una olla hasta el bordo del l\u00edquido oscuro y humeante, para arrastrase despierto hasta llegar la tarde y poder cenar en paz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">A ese punto el temblor en las manos le impide agarrar la cuchara. Es un terremoto en el cuerpo. Parezco tocando tiple, dice y derrama la mitad de lo que tiene en el plato. A tal momento sus males reviven como muertos enterrados en esa tumba que es su cuerpo, el dolor de piernas repunta con una agudeza que la carne no olvida y don Jos\u00e9 Mar\u00eda, empu\u00f1a sus manitas huesudas y fuerza un gemido lento que pide compasi\u00f3n a su dolor. M\u00e1s agua de flor de c\u00e1\u00f1amo con alcanfor se unta mientras canta, ya no hay quien me ayude, ya no hay quien me ayude a cargar la cruz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Luego, yo no cargo ninguna cruz, estoy clavado a ella, masculla ante el resultado impotente de todo lo intentado para fundirse dormido y el triunfo seguro de la pelona al desp\u00e1rtalo. \u00a1Qu\u00e9 contrariedad! Le he rezado hasta Santa Luc\u00eda, que me saque esos sue\u00f1os enfermos de los ojos y ni la santa ha podido con la Mar\u00eda Negra, como no pudo el jarabe o las infusiones. Se siente en el patio a respirar el fr\u00edo del derrotado y observar las nubes en el cielo, se pregunta \u00bfQu\u00e9 habr\u00eda hecho la vieja?<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Saca la antigua maleta verde con tesoros de su mujer cuando estaba viva, se sumerge en esa corriente de ausencias y esculca con intriga entre batas de flores que nadie usa, pa\u00f1uelos de cabeza, cinco barajas de tarot y otros ch\u00e9cheres muertos, hasta que lo encuentra, de cubierta de cuero y hojas amarillentas, el recetario que le perteneci\u00f3 a su vieja. Suspira. \u00bfC\u00f3mo controlar los sue\u00f1os? Con el indice tembloroso viaja por las letras escritas a pulso y fiel a la formula, don Jos\u00e9 Mar\u00eda pone a hervir en agua pasiflora, siete azahares, valeriana y manzanilla, yerbas que noquear\u00edan dormido a cualquier le\u00f3n o rey, por poderoso que fuera. Con fe de gozar la noche de sue\u00f1o, toma sorbo a sorbo el t\u00e9 caliente endulzado con miel y se acuesta. No han pasado cinco minutos en cama y el viejo ronca pl\u00e1cido, con una leve sonrisa en la boca, tan satisfecho y enternecido como un bebe en su sue\u00f1o. Su voz reacciona al espectro, \u00a1baj\u00e1te de ese palo, flacuchenta hijueputa!, vocifera don Jos\u00e9 Mar\u00eda con los alientos que le permiten albergar en su cuerpo cansado y con esa ira anciana que hasta Dios mira con compasi\u00f3n. Avienta piedras al cielo en fallidos intentos por descalabrar a la calavera de pelo largo y tacones que sigue fumando sentada en la rama del mismo \u00e1rbol, mientras se burla de \u00e9l. <em>\u00a1<\/em><em>Se te est\u00e1 llegando la hora, Jos\u00e9 Mar\u00eda, se te est\u00e1 llegando la hora!<\/em><\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Despierta desesperado, tira al suelo la cobija y la almohada, prende una vela, se sienta al borde la cama y sin m\u00e1s remedio, se echa a re\u00edr a carcajadas como si reci\u00e9n le contaran un chiste de esos para tenerse la panza, como si la falta de sue\u00f1o ya le hubiera desconfigurado el cerebro. Y ahora este absurdo con la muerte, en vez de causarle preocupaci\u00f3n, lo divierte. No recuerda la \u00faltima vez que vio un cabello negro y largo como el de la muerte, se le hizo hasta simp\u00e1tica al verla de capul. Los tacones rojos de charol brillante, despu\u00e9s de todo no le quedaban tan rid\u00edculos en esas piernas esquel\u00e9ticas. Le parec\u00eda, s\u00ed, muy impresionante a don Jos\u00e9, ver c\u00f3mo el humo del tabaco le entraba por el cr\u00e1neo, bajaba y se conten\u00eda entre los huesos de la columna y el costillar, para luego subir y ser expulsado de nuevo por la mand\u00edbula cadav\u00e9rica. Lo m\u00e1s feo es esa risita de ultratumba, dice don Jos\u00e9 Mar\u00eda. Su mujer, cuando estaba viva, tampoco era perfecta, balbucea. \u00bfQu\u00e9 locura est\u00e1s diciendo, Jos\u00e9 Mar\u00eda?, \u00bfqu\u00e9 locura est\u00e1s diciendo?, se recrimina al verse en un retazo de espejo. Hace mucho no ves hembra.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">De ruana y sombrero negro sale el viejo de casa con el bast\u00f3n en la mano, el escapulario en el cuello y el machete colgando cual pistola en vaina. Transita en bajada por el camino r\u00fastico, se mueve con cautela, hecho una figura m\u00edstica de la monta\u00f1a, atraviesa el pueblo a la sombra de saludos y hasta luegos a paisanos, y a bregas, sus pasos lo llevan hasta el atrio de la iglesia, donde sabe que Lleritas, el culebrero, extiende su toldillo de vender artificios y esperanzas, justo detr\u00e1s del templo, para que los parroquianos, cuando salgan de misa, busquen de ese consejo o cura sucia que el sacerdocio rechaza, pero no niega. Quiero que me deje dormir tranquilo o que me lleve de una vez, reniega don Jos\u00e9 Mar\u00eda frente a Lleritas, a quien le cuelgan collares de piedras coloridas y huesos y en cuyas manos diez de sus once dedos brillan con anillos de cobre tenso. Lleritas fuma con ojos rojos mientras, con un silencio ap\u00e1tico, exhala humo y observa al afectado en su relato de ser perseguido por la mism\u00edsima parca. No es doctor, ni sacerdote, mas bien mezcla de ambos, el Lleritas con ojos casi cerrados, pregunta, \u00bfsumerc\u00e9 tiene sembrao? \u00a1Ufff! Plantas es lo que hay en mi rancho, yanten, hinojo, malva. \u00bfFlor de c\u00e1\u00f1amo?, interroga el culebrero. Por pu\u00f1ados, buena pal\u2019 dolor de huesos, replica salt\u00f3n don Jos\u00e9 Mar\u00eda.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Hondea sobre el aire la ruana de vuelta camino a la monta\u00f1a, don Jos\u00e9 tan contento como quien huye con el tesoro y el mapa, de labios gastados por sonre\u00edr, sue\u00f1a con no so\u00f1ar, solo dormir y descansar. A su paso cojo va deshaciendo el camino a casa, con una mano evita que el sombrero se lo arranque el viento, con la otra aprieta el escapulario en su pecho. Con la vista de frente a la monta\u00f1a, se atraviesa de un ruido que hace al viejo sentirse in\u00fatil por haber ignorado que el propio remedio para el insomnio, igual que para el dolor de huesos, lo tuvo en casa todo este tiempo en una misma planta. As\u00ed son los a\u00f1os, sin darse uno cuenta lo van desmantelando de adentro hacia afuera y esa visi\u00f3n mortificante de la calavera humana, su \u00fanico impedimento para el reposo sano que debe tener un hombre de su edad. Conf\u00eda, como ciego en su bast\u00f3n, en los menjurjes de Lleritas y en la flor que cultiv\u00f3.\u00a0<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Llega a su racho en carrera hacia el sembrao, huele la hierba, con sus manos temblorosas la arranca, la espulga y pone a secar, como le indicaron, arma un tabaco, lo apoya en sus labios resecos, tose y tose hasta que una risita lo apodera, los ojos como fuego y queda trastornado, desaparece el insomnio, desaparece el dolor de huesos, desaparece la parca en sue\u00f1os, desaparecen los sue\u00f1os. \u00a1Qu\u00e9 ricura! R\u00ede y da palmaditas de celebraci\u00f3n al viento don Jos\u00e9 Mar\u00eda. Como la quema lo puso tan contento, se da otra fumada y otra y otra, hasta cubrirse de humo espeso, cual la parca en el \u00e1rbol, la Mar\u00eda Negra. Luego le chilla la panza, atacado por un hambre voraz.<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">Hasta me abri\u00f3 el apetito, estoy repuesto de tanto tragar, se dice y cada ma\u00f1ana despierta de un sue\u00f1o aturdido, con las mechas revueltas como los nidos de gallinas que ya ni limpia por andar disparatado de robusta sed. Con frecuencia, lo ha venido afectando la tos, pero miel para ella y fuma. Religiosamente en la ma\u00f1ana, aclara de arena su garganta y enciende un tabaco de los que aprendi\u00f3 a hacer con sus plantas para atravesar una jornada m\u00e1s entre goce y ansiedad, sin ver el fin de sus d\u00edas. \u00bfQue se me estaba llegando la hora? Aqu\u00ed sigo esperando, coraz\u00f3n anciano ni la muerte te quiere, exhala en una nube don Jos\u00e9. Ya para mis huesos \u2014canta sentado en la entrada de su casa\u2014, cuando yo me muera \u2014cierra los ojos para la pronuncia final\u2014, tal vez lo mas blando, tal vez lo mas blando ser\u00e1 el ata\u00fad.\u00a0<\/span><\/p>\n<p><span style=\"color: #ffffff;\">***<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><span style=\"font-family: 'book antiqua', palatino, serif; font-size: 14pt;\">*Escritor egresado del diplomado de Literaria Centro Mexicano de Escritores.\u00a0<\/span><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Camilo Villegas Restrepo* &nbsp; A caminar solo y en la oscuridad se acostumbr\u00f3 don Jos\u00e9 Mar\u00eda. Su ritmo, andar de pisadas cojas, delata el dolor de huesos en un hombre ya fatigado por el viaje de la vida. 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