Textos

Una novela clásica

Gabriela Trejo Sánchez*

Hablar de la novela de la Revolución es entablar un diálogo directo con Los de abajo, El águila y la serpiente o Cartucho. Estas y otras historias comparten una serie de características propias de una época convulsa, llena de contradicciones, de ideales y falta de ellos. Y es que la Revolución Mexicana propició grades cambios en distintos ámbitos de la sociedad y las artes, incluyendo la literatura, pues muchos autores fueron participantes activos en la lucha, lo que permitió a los lectores conocer más de cerca al pueblo mexicano.

En este aspecto, Mariano Azuela publica Los de abajo en 1916. Con cuatro novelas que la precedían, él ya era médico militar y había participado como tal en una de las facciones villistas. Su paso por la lucha armada y el deseo de guardar registro de lo que sucedía en el combate, hace que las historias sean contadas de una forma lineal y casi como una crónica, Y es que tanto Azuela como otros escritores priorizan el hecho sobre la forma narrativa, obteniendo así relatos con muy pocos giros narrativos, pero ricos en anécdotas. Eso sí, es necesario aclarar que Mariano Azuela escribe ya exiliado en El Paso, Texas, si bien los hechos aún están frescos en su memoria.

Aunque comparte la forma de escritura con otras novelas de la época, Los de abajo inaugura totalmente el siglo XX de la literatura mexicana. A partir de este momento, los autores presentarán obras completamente distintas al romanticismo que permeaba en las novelas de otros países latinoamericanos, mostrando personajes que hasta el momento habían sido ignorados.

Uno de los grandes aportes literarios de Azuela fue presentar como personajes a la gente del pueblo común, su habla y costumbres y, lo más importante, su falta de ideales. Mucho se ha dicho acerca de quienes se levantaron en contra del gobierno federal: si deseaban un gobierno mejor u otras condiciones de vida. Los de abajo muestra que quienes se iban a la bola lo hacían por hartazgo, porque huían de los abusos de los federales en sus propiedades, pero nunca lo hacían por cambiar el gobierno, es decir, no cuentan con ideales propios, sino que los adquieren a partir de la aparición de un personaje que tiene un grado más o menos alto de educación y es capaz de transmitir su conocimiento al resto de los personajes, en este caso se trata de Luis Cervantes, estudiante de medicina.

Demetrio Macías, protagonista en Los de abajo, es exponente claro de un personaje cuya falta de ideales lo hará desplazarse espacialmente de abajo hacia arriba y terminar su travesía nuevamente abajo. Cuando inicia su historia, él es un hombre de los de abajo que sólo intenta proteger a su mujer y su casa de los abusos y saqueos de los federales. Observa desde la montaña cómo queman su hogar y, luego, se une a la bola. Esta es la primera vez que se aprecian cuestiones vernáculas. Aparecen el campo y la ciudad, pero también las provincias pequeñas. Comienza a verse de verdad cómo son los mexicanos de la época, su forma de hablar y hasta su verdadera fisonomía. Mariano Azuela nos pinta con claridad escenas comunes de la época aunque no pueden ser llamadas cuadros de costumbres.

En su proceso de alejamiento de su comunidad, Demetrio Macías no sólo se involucra con la bola, se vuelve parte de ella, pero ninguno de los alzados está pensando en ayudar a los pobres o en el presidente en turno. Los rebeldes sólo roban, saquean sin orden y sin ningún tipo de apreciación artística, pues arrancan libros para hacer fogatas que les den calor por las noches, o rompen cuadros y se llevan los lienzos que les agradan. Aun cuando Demetrio Macías ya se encuentra dentro de la bola, todavía no encuentra un ascenso. Como en la rueda de Fortuna, debe esperar a estar arriba para lograr un cambio. Esto sucede cuando llegan a donde Pánfilo Natera y se unen a una de las facciones villistas.

Ya no es parte de los de abajo, la rueda ha girado y se encuentra arriba. La suerte debe sonreírle, va a la cantina, bebe y sobre todo, lucha. Lucha pues al ser parte de los villistas debe participar en todas las batallas. Un punto importante de esta etapa de la historia es que los ideales siguen ausentes, Demetrio Macías y sus compañeros no tienen idea de por qué están allí. En realidad son sólo un grupo de fugitivos que roban lo que pueden para poder vivir al día. Fortuna los favorece, dirían los antiguos. Sin embargo, todo lo que sube, baja, y la caída suele ser dolorosa.

Mientras los villistas se consideran la máxima autoridad y abusan o roban, en el país suceden otras batallas que definen poco a poco un nuevo gobierno, un nuevo ganador que necesita ser reconocido. Así, mientras los carrancistas toman las riendas del país y se hacen de un buen sitio en el gobierno nacional, los villistas deben huir nuevamente. Demetrio Macías y la bola vuelven a estar abajo, ya probaron un poco del poder y ahora lo pierden. Finalmente, Macías debe ir a traer el cañón con el que se disparaba a los militares villistas, pero lo emboscan los carrancistas y lo matan, con lo que termina su vuelta en la rueda de Fortuna. Vuelve a sus inicios, con su mujer mostrándole a su hijo pequeño y pidiéndole que ya deje la guerrilla. Sin embargo, Demetrio no lo hace porque no tiene un motivo para hacerlo, así como no lo tuvo para unirse a la bola. Nuevamente, la falta de ideales repercute en sus acciones, no podrá decir que logró su objetivo porque no lo conoce.

Se vuelve un personaje mentalmente plano, ha subido y caído de Fortuna, tuvo y perdió, pero en ese andar de su vida, no logra adquirir lo que realmente podía hacer un cambio en su vida. No logró comprender el motivo de la lucha, no se identifica realmente con ninguno de los rebeldes porque no tiene ideales. Por lo tanto, no tiene verdadera conciencia de lo que es la Revolución. Demetrio Macías no encuentra un cambio permanente y al final de su historia sigue en la misma posición social y económica en la que comenzó.

Vista desde la actualidad, Los de abajo se ha convertido en un clásico, el libro que, leído en cualquier época del tiempo, sigue siendo vigente y representante del acontecer cotidiano, pues aunque su auge de lectura ha quedado atrás hace mucho tiempo, son pocas las personas que no lo conocen o no han leído un fragmento en algún libro escolar. Es una novela omnipresente en el ideario mexicano que ha pasado a llamar “los de abajo” a todo aquel que se encuentra desfavorecido.